Cualquier final implica un nuevo principio. Cualquier vacío, un abismo lleno de nuevas posibilidades. Detrás de la niebla siempre hay colores. Y, esté donde esté el volante, a la derecha o a la izquierda, siempre se conduce de la misma manera.
Y cualquier carretera nos lleva a lugares aún por descubrir.
Sin pensármelo dos veces, me tiro de cabeza en busca de nuevos horizontes.
Porque vivan los ochenta y sus láminas de señoras con pamela. Porque las reinterpreto a mi manera. Por las reservas de color y los colores reservados. Por las redes y los puntos que las une. Por los que nos quedamos atrapados dentro de la red. Porque no nos salgamos nunca. Por el 2008, que por fin acaba. Y por todo lo que queda por venir.