Lo confieso: las odio.Aunque he de reconocer que a veces no quedan mal del todo.
(las moscas, no las guitarras, claro)
Instantes congelados, metáforas visuales y otros sortilegios cromáticos.

Mi viaje por la isla sur ha concluido.
Durante unos dos minutos pudimos observar cómo esta magnífica criatura respiraba. Coqueta entre las olas, dejándonos entrever ese 10% de su tamaño actual, tomaba aire y lo expulsaba levantando una gran columna de agua.